Amor a primera vista

En un día lluvioso de otoño, vi por primera vez tus ojos mirando los míos y desde ese preciso momento comencé a creer en el amor a primera vista. No sabía ni tú nombre, ni donde vivías, ni nada de ti, pero tu mirada y sonrisa me cautivaron de manera definitiva. Con el paso de los días, semanas y años, el tiempo y el sentimiento permaneció inalterable: ese instante de complicidad me cambió de manera permanente.

Te busqué durante años en las caras de todas, en todos los lugares, en todo momento, con el ansia de volver a verte por casualidad o por accidente.  Pregunté por ti, indagué por ti en todos los parajes de este mundo, y el resultado siempre fue el mismo: tu ausencia.

Ya estuve cansado de perseguirte, cuando alguien me comentó tu nombre, y no lo podía creer. Durante décadas te he buscado y no te he encontrado, y resulta que a lo lardo del mismo tiempo tú también me has buscado y no me has conseguido, al igual que yo.

Oh, querida mía, estoy en el mismo lugar donde nos conocimos, en las mismas calles, haciendo lo mismos a la espera de que vuelvas a pisar estos mismos adoquines por los que pasaste años atrás, cuando nos conocimos por primera vez. Quiero que nos encontremos y que podamos estar juntos de nuevo, pero de manera definitiva, para siempre.

¡Oh, mi querida Muerte, ven por mí, que llevo años esperándote!

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