La carta

Hola, querida mía:

Hoy, como todos los domingos, nos reunimos en el mismo sitio, esta bella pradera verde donde a lo lejos se ve la ciudad y se escucha el cantar de los pájaros, todo es tan tranquilo y bonito. Durante años, nos hemos encontrado aquí y ya es nuestra tradición vernos los domingos por la mañana y hablar un par de horas.

Hoy es un día especial: es el aniversario de nuestra tradición. Ya son 25 años haciendo lo mismo y te he traído una carta. Sé que no la leerás: nunca te ha gusto leer mucho, lo sé. Así que te la leeré, presta mucha atención.

Querida mía,

Ya son años que llevamos reuniéndonos en el mismo lugar, viendo las mismas cosas, y los sentimientos siguen siendo iguales al primer día, fuertes, intensos y muy profundos. Reunirme contigo y compartir estas dos horas a la semana se ha trasformado en mi objetivo de vida. Saber que podemos compartir nuestro tiempo y tener la certeza de que me escuchas y comprendes mis sentimientos me hace feliz.

Sé que nadie más me entiende. Me llaman loco, pero para mí eso se llama amor: estar con alguien hasta el último de tus días y compartir con las personas que amas tus logros y tus pérdidas. Por eso nuestros encuentros son tan importantes para mí.

Durante mucho tiempo hice todo lo posible por complacerte: el desayuno por la mañana, esa tarta de manzana que tanto te gustaba, hasta me apunté a un curso de cocina para complacerte,  pero me faltó tiempo para poder prepararte las cosas que tanto te gustaban.

Por todo eso quiero más que estemos siempre juntos, no solo los domingos por las mañanas, quiero estar a tu lado siempre, hasta el final de los tiempos y poder compartir esta bella vista y el cantar de los pájaros cada mañana y ver como se oculta el sol y cae la noche sobre nosotros.

Mi querida, así termina la carta que te he escrito, espero que te haya gustado. El deseo más profundo de mi corazón es que pudieras leer estas líneas, pero ese tipo de milagros, lamentablemente, creo que no ocurren. Así que espero verte el próximo domingo o mejor aún, deseo estar a tu lado antes. Ya tengo un lugar reservado y preparado para compartir la eternidad contigo. Pero, como dicen que el amor todo lo puede, con mi último gramo de esperanza dejo la carta aquí, al lado de tu sepultura, esperando el milagro.

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